Covid
Photo
Diaries

  • 8 fotógrafos
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Covid Photo Diaries es un proyecto creado por ocho destacados fotoperiodistas españoles que documenta, en diferentes partes del país y a diario, los efectos de la pandemia de la Covid-19.

¿Cómo es la vida en confinamiento? ¿De qué está hecha esta nueva cotidianidad? ¿Cómo nos enfrentamos a la epidemia? Lo descubrimos a través de las fotografías de Manu Brabo, Olmo Calvo, José Colón, Javier Fergo, Susana Girón, Isabel Permuy, Judith Prat y Anna Surinyach.

En este espacio replicamos el diario visual que desde el 17 de marzo de 2020 comparten en su cuenta de Instagram. Cada día publican fotografías capturadas en sus casas, en sus barrios, en sus ciudades o allá donde haya una historia que contar. Las acompañan de textos breves en los que, sus propios autores o redactores colaboradores, narran las historias que hay detrás de cada imagen.

"Este proyecto nace con vocación de ser el mapa interactivo de uno de los acontecimientos más importantes que hemos vivido en las últimas décadas. A la indudable relevancia de documentar el día a día de esta alerta sanitaria y sus consecuencias para la población, se une el enorme valor que este testimonio visual, plural y amplio tendrá cuando todo haya terminado. Será la memoria de lo que en estos días nos sucedió," afirma el colectivo. 

Covid Photo Diaries es una respuesta valiente al desafío de documentar una etapa que está cambiando nuestras vidas. Es una propuesta colaborativa y pionera que además de informar, inspira a otros y da esperanza. Por ello, desde Médicos del Mundo decidimos apoyarla.

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Un joven es visto en el aire mientras realiza piruetas en la Playa de San Lorenzo durante el periodo designado por el gobierno para hacer deporte durante esta primera fase de desconfinamiento. Gijón, Asturias. 19 de mayo, 2020.

Un joven es visto en el aire mientras realiza piruetas en la Playa de San Lorenzo durante el periodo designado por el gobierno para hacer deporte durante esta primera fase de desconfinamiento. Gijón, Asturias. 19 de mayo, 2020.
Hoy escribo yo el texto. Quizá lo haga ya todos los días. Fabiola ha comenzado a tener contracciones y se encuentra muy cansada. Son dolorosas e impiden que pueda descansar con normalidad. En el hospital nos han dicho que todo está perfecto, por lo que toca esperar. Aún falta un poco para el parto, pero Iria ya se está preparando dentro de Fabiola. El paso de Madrid a la primera fase nos ha sorprendido en casa, cuidándonos lo mejor posible para que todo vaya bien.

Hoy escribo yo el texto. Quizá lo haga ya todos los días. Fabiola ha comenzado a tener contracciones y se encuentra muy cansada. Son dolorosas e impiden que pueda descansar con normalidad. En el hospital nos han dicho que todo está perfecto, por lo que toca esperar. Aún falta un poco para el parto, pero Iria ya se está preparando dentro de Fabiola. El paso de Madrid a la primera fase nos ha sorprendido en casa, cuidándonos lo mejor posible para que todo vaya bien.

José Colón


Barcelona

Ejercicios diarios en la residencia centro geriàtric Gure-Etxea.

Ejercicios diarios en la residencia centro geriàtric Gure-Etxea.

Javier Fergo


Jerez de la Frontera

Con el comienzo de la Fase 2 del plan de desescalada por la pandemia y la apertura al baño de las playas, regresan al mar los residuos dejados por personas. En la imagen, un zapato de plástico devuelto por el mar sobre la arena en una playa de Cádiz.

Con el comienzo de la Fase 2 del plan de desescalada por la pandemia y la apertura al baño de las playas, regresan al mar los residuos dejados por personas. En la imagen, un zapato de plástico devuelto por el mar sobre la arena en una playa de Cádiz.
Aunque todo el mundo la conoce por Pilar, legalmente se llama Mª Dolores. Cuenta la historia que cuando nació Pilar, su madre Mª Dolores mandó a su padre al registro a censar a su nieta recién nacida. Y al llegar al registro, el abuelo olvidó el nombre que le encargaron poner a la chiquilla y entonces dedujo, malamente, que el nombre sería igual al de su hija, Mª Dolores. El error se descubrió 6 años después, cuando fueron a bautizar a la niña y descubrieron que Pilar era Mª Dolores en realidad. Pero ella sigue siendo para todo el mundo Pilar, la misma que ha podido regresar por fin a su hogar en Aracena, después de pasar todo el confinamiento por el COVID-19 en casa de su sobrina. Al volver a su casa tras más de dos meses, mira emocionada el retrato de su madre, Mª Dolores, a la que le debe el nombre, aunque ella se llame Pilar.

Aunque todo el mundo la conoce por Pilar, legalmente se llama Mª Dolores. Cuenta la historia que cuando nació Pilar, su madre Mª Dolores mandó a su padre al registro a censar a su nieta recién nacida. Y al llegar al registro, el abuelo olvidó el nombre que le encargaron poner a la chiquilla y entonces dedujo, malamente, que el nombre sería igual al de su hija, Mª Dolores. El error se descubrió 6 años después, cuando fueron a bautizar a la niña y descubrieron que Pilar era Mª Dolores en realidad. Pero ella sigue siendo para todo el mundo Pilar, la misma que ha podido regresar por fin a su hogar en Aracena, después de pasar todo el confinamiento por el COVID-19 en casa de su sobrina. Al volver a su casa tras más de dos meses, mira emocionada el retrato de su madre, Mª Dolores, a la que le debe el nombre, aunque ella se llame Pilar.
A Sara (28) le diagnosticaron un trastorno mental cuando tenía 13 años. Desde entonces, ha necesitado ayuda de los servicios médicos de manera intermitente. Cuando decretaron el estado de alarma estaba ingresada, en mitad de un tratamiento. Pero en el hospital donde la trataban tuvieron que mandar a casa a todos los pacientes de su unidad, porque necesitaban camas para el Covid-19. “Estaban colapsados, no podían hacer otra cosa”, explica con su carácter comprensivo. Lo más duro para Sara ha sido no ver a su hermana durante estos meses, y mantenerse activa: “establecer una rutina para no quedarte en la cama es muy importante”, insiste. Son muchas las personas que se encuentran en esta situación, y que a menudo lo esconden por el miedo a ser estigmatizadas. Tal vez esta crisis, en la que todos nos hemos visto privados de muchas cosas que entendíamos como “normales”, nos sirva para ser más tolerantes y entender más a los demás.

A Sara (28) le diagnosticaron un trastorno mental cuando tenía 13 años. Desde entonces, ha necesitado ayuda de los servicios médicos de manera intermitente. Cuando decretaron el estado de alarma estaba ingresada, en mitad de un tratamiento. Pero en el hospital donde la trataban tuvieron que mandar a casa a todos los pacientes de su unidad, porque necesitaban camas para el Covid-19. “Estaban colapsados, no podían hacer otra cosa”, explica con su carácter comprensivo. Lo más duro para Sara ha sido no ver a su hermana durante estos meses, y mantenerse activa: “establecer una rutina para no quedarte en la cama es muy importante”, insiste. Son muchas las personas que se encuentran en esta situación, y que a menudo lo esconden por el miedo a ser estigmatizadas. Tal vez esta crisis, en la que todos nos hemos visto privados de muchas cosas que entendíamos como “normales”, nos sirva para ser más tolerantes y entender más a los demás.

Judith Prat


Zaragoza

Elvira tiene 87 años y vive sola en Aguarón un pequeño municipio de la provincia de Zaragoza. Todos los días recibe la visita de su hijo y la atención domiciliaria de Humildad que trabaja en el servicio comarcal de la ayuda a domicilio. Dice que se siente muy bien atendida en estos tiempos extraños en que debe permanecer en casa para no contagiarse de covid-19.

Elvira tiene 87 años y vive sola en Aguarón un pequeño municipio de la provincia de Zaragoza. Todos los días recibe la visita de su hijo y la atención domiciliaria de Humildad que trabaja en el servicio comarcal de la ayuda a domicilio. Dice que se siente muy bien atendida en estos tiempos extraños en que debe permanecer en casa para no contagiarse de covid-19.
Lourdes Cereceda no ha abrazado a su hijo desde el inicio de la pandemia. Duerme y come separada de toda la familia por miedo a contagiarles. Es enfermera del servicio de hospitalización a domicilio de Can Ruti, ahora que ha bajado la carga de trabajo, ha pedido vacaciones para, tras 14 días sin trabajar, poder compartir abrazos, besos y comidas con su familia.

Lourdes Cereceda no ha abrazado a su hijo desde el inicio de la pandemia. Duerme y come separada de toda la familia por miedo a contagiarles. Es enfermera del servicio de hospitalización a domicilio de Can Ruti, ahora que ha bajado la carga de trabajo, ha pedido vacaciones para, tras 14 días sin trabajar, poder compartir abrazos, besos y comidas con su familia.

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