arrow

Covid
Photo
Diaries

Covid Photo Diaries es un proyecto creado por ocho destacados fotoperiodistas españoles que documenta, en diferentes partes del país y a diario, los efectos de la pandemia del Covid-19.

También puedes seguirles en Instagram.

Javier Fergo


Biografía

Javier Fergo es un fotoperiodista nacido en Jerez, Cádiz (1980). Cursó sus estudios en fotografía en Reino Unido. A su regreso a España en 2005, comienza a colaborar con diarios de noticias locales y regionales. Desde 2013 trabaja como freelance, tanto en fotografía como en vídeo, para distintas publicaciones nacionales e internacionales. Es colaborador habitual de la agencia internacional de noticias The Associated Press. Su trabajo de los últimos años se centra en las personas migrantes y refugiadas.

Sus reportajes se han expuesto en varios países europeos, así como en EE. UU. o Rusia, y han sido reconocidos en multitud de concursos: ganador de los British Journalism Awards 2019, tercer premio en el Chris Hondros Memorial Award 2019 concedido por el Atlanta Photojournalism Seminar, así como en los UNESCO Humanity Photo Award, entre otros reconocimientos.

Web

Gracias a todas las personas que me han abierto la puerta de su hogar, su vida y su labor durante este tiempo que he estado documentando la pandemia en mi tierra: Andalucía. Hoy termina esta fase de Covid Photo Diaries... ¿Continuará?
85 / 85

Gracias a todas las personas que me han abierto la puerta de su hogar, su vida y su labor durante este tiempo que he estado documentando la pandemia en mi tierra: Andalucía. Hoy termina esta fase de Covid Photo Diaries... ¿Continuará?
Tras meses de trabajo documentando la pandemia, desde el confinamiento más estricto con ciudades y carreteras desiertas, entrando en hogares, lugares con pocas medidas higiénicas; fase tras fase, enfrentándome casi a diario a situaciones potencialmente peligrosas, hoy me he hecho un test de COVID-19, el cual ha resultado negativo. Por fin podré entrar en casa de mis padres, abrazarlos y pasar tiempo con ellos. Podré hacer esa barbacoa pendiente con los amigos, reír hasta que duela. Mi desescalada personal comienza hoy, mi tranquilidad tiene el precio de 50€.
84 / 85

Tras meses de trabajo documentando la pandemia, desde el confinamiento más estricto con ciudades y carreteras desiertas, entrando en hogares, lugares con pocas medidas higiénicas; fase tras fase, enfrentándome casi a diario a situaciones potencialmente peligrosas, hoy me he hecho un test de COVID-19, el cual ha resultado negativo. Por fin podré entrar en casa de mis padres, abrazarlos y pasar tiempo con ellos. Podré hacer esa barbacoa pendiente con los amigos, reír hasta que duela. Mi desescalada personal comienza hoy, mi tranquilidad tiene el precio de 50€.
El regreso a la normalidad no es igual de fácil para todas las personas: algunas tienen miedo a salir de casa por la posibilidad de contraer la enfermedad. El llamado “síndrome de la cabaña” afecta a muchas personas tras el confinamiento. No está reconocido como enfermedad mental, pero lo cierto es que son muchos los que prefieren no salir de casa para minimizar el riesgo de contagio.
83 / 85

El regreso a la normalidad no es igual de fácil para todas las personas: algunas tienen miedo a salir de casa por la posibilidad de contraer la enfermedad. El llamado “síndrome de la cabaña” afecta a muchas personas tras el confinamiento. No está reconocido como enfermedad mental, pero lo cierto es que son muchos los que prefieren no salir de casa para minimizar el riesgo de contagio.
La reactivación de la hostelería y la apertura al turismo internacional el próximo día 1 de julio hace que el sector servicios vea algo de esperanza de minimizar pérdidas en la temporada veraniega.
82 / 85

La reactivación de la hostelería y la apertura al turismo internacional el próximo día 1 de julio hace que el sector servicios vea algo de esperanza de minimizar pérdidas en la temporada veraniega.
Cerca de 900.000 alumnos y profesores de Formación Profesional miran al futuro con incertidumbre: no han podido realizar de forma presencial el último cuatrimestre del curso, la fase formativa más importante de sus estudios al incluir prácticas en empresas. Aunque se ha reforzado la enseñanza online, las especialidades profesionales necesitan trabajo práctico que la promoción de 2020 no ha tenido.
81 / 85

Cerca de 900.000 alumnos y profesores de Formación Profesional miran al futuro con incertidumbre: no han podido realizar de forma presencial el último cuatrimestre del curso, la fase formativa más importante de sus estudios al incluir prácticas en empresas. Aunque se ha reforzado la enseñanza online, las especialidades profesionales necesitan trabajo práctico que la promoción de 2020 no ha tenido.
La llamada "nueva normalidad" se va instaurando en nuestras vidas: uso de mascarilla, distanciamiento social o la reducción de personal por cada turno son algunas de las medidas de prevención tomadas por las empresas para continuar produciendo de manera segura.
80 / 85

La llamada "nueva normalidad" se va instaurando en nuestras vidas: uso de mascarilla, distanciamiento social o la reducción de personal por cada turno son algunas de las medidas de prevención tomadas por las empresas para continuar produciendo de manera segura.
Una de las iniciativas ciudadanas más relevantes durante la pandemia ha sido la de los voluntarios que en cada ciudad y barrios se han organizado para atender las necesidades de personas y familias más vulnerables. Como el caso de los cofrades de hermandades de Semana Santa en Jerez, que se han volcado en esta labor con el reparto de alimentos y confección de mascarillas.
79 / 85

Una de las iniciativas ciudadanas más relevantes durante la pandemia ha sido la de los voluntarios que en cada ciudad y barrios se han organizado para atender las necesidades de personas y familias más vulnerables. Como el caso de los cofrades de hermandades de Semana Santa en Jerez, que se han volcado en esta labor con el reparto de alimentos y confección de mascarillas.
Kwesi Baah, de 32 años y procedente de Malí, llegó a España en un bote cruzando el mar Mediterráneo. En 2014 sufrió un accidente viajando al trabajo en su bicicleta y no ha podido trabajar desde entonces. Vive en una casa abandonada en Níjar que comparte con otras ocho personas que durante el confinamiento no han podido trabajar.
78 / 85

Kwesi Baah, de 32 años y procedente de Malí, llegó a España en un bote cruzando el mar Mediterráneo. En 2014 sufrió un accidente viajando al trabajo en su bicicleta y no ha podido trabajar desde entonces. Vive en una casa abandonada en Níjar que comparte con otras ocho personas que durante el confinamiento no han podido trabajar.
Las cacerolas sustituyeron a los aplausos en España.
77 / 85

Las cacerolas sustituyeron a los aplausos en España.
La Fase 2 de la desescalada por la pandemia ha posibilitado el desarrollo de actividades al aire libre como el senderismo. En la imagen, un joven se refresca en el río Majaceite, entre El Bosque y Benamahoma; un lugar normalmente muy transitado que ha experimentado un descenso considerable en el número de visitantes, afectando de manera directa a la economía de la zona.
76 / 85

La Fase 2 de la desescalada por la pandemia ha posibilitado el desarrollo de actividades al aire libre como el senderismo. En la imagen, un joven se refresca en el río Majaceite, entre El Bosque y Benamahoma; un lugar normalmente muy transitado que ha experimentado un descenso considerable en el número de visitantes, afectando de manera directa a la economía de la zona.
Algunos Ayuntamientos están incorporando actividades de ocio adaptadas a las recomendaciones de seguridad por la pandemia del COVID-19. Como en Vejer de la Frontera, Cádiz, donde se ha creado un autocine gratuito para el disfrute de sus habitantes.
75 / 85

Algunos Ayuntamientos están incorporando actividades de ocio adaptadas a las recomendaciones de seguridad por la pandemia del COVID-19. Como en Vejer de la Frontera, Cádiz, donde se ha creado un autocine gratuito para el disfrute de sus habitantes.
La “nueva normalidad”. Mascarillas cuelgan del espejo retrovisor de un vehículo estacionado en Jerez.
74 / 85

La “nueva normalidad”. Mascarillas cuelgan del espejo retrovisor de un vehículo estacionado en Jerez.
Dentro de la nueva normalidad que ha provocado la pandemia, profesionales dedicados a la fisioterapia han tenido que realizar cambios sustanciales en su labor: Espaciar las citas para que pacientes no coincidan, extremar las medidas higiénicas, triage telefónico y control de temperatura del paciente al llegar o el uso de equipos de protección desechables que cambian tras cada tratamiento. En la imagen, un miembro del equipo de la Clínica Ansar de Jerez tratando a un paciente en camilla.
73 / 85

Dentro de la nueva normalidad que ha provocado la pandemia, profesionales dedicados a la fisioterapia han tenido que realizar cambios sustanciales en su labor: Espaciar las citas para que pacientes no coincidan, extremar las medidas higiénicas, triage telefónico y control de temperatura del paciente al llegar o el uso de equipos de protección desechables que cambian tras cada tratamiento. En la imagen, un miembro del equipo de la Clínica Ansar de Jerez tratando a un paciente en camilla.
Con el comienzo de la Fase 2 del plan de desescalada por la pandemia y la apertura al baño de las playas, regresan al mar los residuos dejados por personas. En la imagen, un zapato de plástico devuelto por el mar sobre la arena en una playa de Cádiz.
72 / 85

Con el comienzo de la Fase 2 del plan de desescalada por la pandemia y la apertura al baño de las playas, regresan al mar los residuos dejados por personas. En la imagen, un zapato de plástico devuelto por el mar sobre la arena en una playa de Cádiz.
En Jerez hay muchas familias que apenas se estaban reponiendo de la interminable crisis financiera de 2008, cuando les ha sorprendido una segunda crisis económica provocada por la pandemia del COVID-19. Como es el caso de Isabel Jiménez, de 40 años, cuya familia acusó los efectos de la crisis anterior de manera severa, al perder su empleo tanto ella como su marido y con tres hijos que mantener. Se vieron obligados a requerir ayuda desde Cáritas en forma de comida y bienes indispensables en aquella ocasión; ahora, de nuevo, han requerido ayuda para sobrevivir. Durante el confinamiento se encontraron sin ingresos al tener que cerrar la Peña Rociera que regenta: Acaba de reabrir el negocio y, aunque positiva, teme que las ventas bajen y se vea obligada a echar el cierre.
71 / 85

En Jerez hay muchas familias que apenas se estaban reponiendo de la interminable crisis financiera de 2008, cuando les ha sorprendido una segunda crisis económica provocada por la pandemia del COVID-19. Como es el caso de Isabel Jiménez, de 40 años, cuya familia acusó los efectos de la crisis anterior de manera severa, al perder su empleo tanto ella como su marido y con tres hijos que mantener. Se vieron obligados a requerir ayuda desde Cáritas en forma de comida y bienes indispensables en aquella ocasión; ahora, de nuevo, han requerido ayuda para sobrevivir. Durante el confinamiento se encontraron sin ingresos al tener que cerrar la Peña Rociera que regenta: Acaba de reabrir el negocio y, aunque positiva, teme que las ventas bajen y se vea obligada a echar el cierre.
Hoy se estrena en la provincia de Cádiz la Fase 2 de la desescalada por la pandemia de COVID-19 con la apertura de playas al baño bajo la “nueva normalidad”. En la imagen, un operario desinfecta zonas de acceso a la playa en El Puerto de Santa María.
70 / 85

Hoy se estrena en la provincia de Cádiz la Fase 2 de la desescalada por la pandemia de COVID-19 con la apertura de playas al baño bajo la “nueva normalidad”. En la imagen, un operario desinfecta zonas de acceso a la playa en El Puerto de Santa María.
Mañana se pasa a Fase 2 de la desescalada en el confinamiento por la pandemia en muchos lugares, como el caso de la provincia de Cádiz. Entre otras actividades, se podrá disfrutar del baño en muchas de las playas de la provincia que, hasta ahora, permanecían vacías. Siendo los 138 kilómetros de playa de arena fina el principal atractivo turístico de la provincia y experimentando ya temperaturas superiores a los 30º C, se espera una gran afluencia de personas. Algunos ayuntamientos trabajan en la implantación en medidas de control de aforo, otros en ampliar el periodo de prohibición del baño hasta más adelante. En la imagen, la playa de Barbate completamente vacía de personas.
69 / 85

Mañana se pasa a Fase 2 de la desescalada en el confinamiento por la pandemia en muchos lugares, como el caso de la provincia de Cádiz. Entre otras actividades, se podrá disfrutar del baño en muchas de las playas de la provincia que, hasta ahora, permanecían vacías. Siendo los 138 kilómetros de playa de arena fina el principal atractivo turístico de la provincia y experimentando ya temperaturas superiores a los 30º C, se espera una gran afluencia de personas. Algunos ayuntamientos trabajan en la implantación en medidas de control de aforo, otros en ampliar el periodo de prohibición del baño hasta más adelante. En la imagen, la playa de Barbate completamente vacía de personas.
La cuarentena a causa de la pandemia por COVID-19 ha afectado económicamente a muchos sectores, como es el caso de Alejandro Veiga, de 43 años y originario de Uruguay, que regenta un taller de motocicletas especializado en transformaciones. Sin trabajo alguno durante el confinamiento, tuvo que solicitar un crédito para seguir adelante. Ahora atiende con cita previa, siendo el mantenimiento de las motocicletas el grueso de los trabajos que realiza. Es escéptico sobre la viabilidad del negocio en meses venideros por la crisis económica asociada a la pandemia, al ser el sector de la transformación de motocicletas una actividad que no todos podrán permitirse.
68 / 85

La cuarentena a causa de la pandemia por COVID-19 ha afectado económicamente a muchos sectores, como es el caso de Alejandro Veiga, de 43 años y originario de Uruguay, que regenta un taller de motocicletas especializado en transformaciones. Sin trabajo alguno durante el confinamiento, tuvo que solicitar un crédito para seguir adelante. Ahora atiende con cita previa, siendo el mantenimiento de las motocicletas el grueso de los trabajos que realiza. Es escéptico sobre la viabilidad del negocio en meses venideros por la crisis económica asociada a la pandemia, al ser el sector de la transformación de motocicletas una actividad que no todos podrán permitirse.
José María Aguilar, de 56 años y veterinario en el Zoo de Jerez, observa a Nabão comiendo, ya que en entre la comida hay un medicamento que el felino debe tomar. Nabão es un Lince Ibérico, nacido en 2016, que forma parte del programa de conservación de la especie que se lleva a cabo desde el Zoo: el Lince Ibérico, junto al Ibis Eremita, y otra treintena de especies, son recuperadas en el centro para su posterior reintroducción en la naturaleza. Aunque permanece cerrado al público por la pandemia la actividad continúa: todas las mañanas se reúne la plantilla para realizar una comprobación de posibles síntomas de COVID-19 entre los trabajadores, usan medidas de profilaxis con todos los animales, haciendo especial énfasis con felinos y primates, al ser estos los más propensos a contagiarse con la enfermedad; también siguen un estricto protocolo con la ropa de trabajo: solo es usada una jornada, luego se lava de manera industrial para su desinfección de posibles patógenos. Aún no está claro cuando volverá a abrir sus puertas al público, pero la recuperación de especies y el cuidado de los animales no cesa.
67 / 85

José María Aguilar, de 56 años y veterinario en el Zoo de Jerez, observa a Nabão comiendo, ya que en entre la comida hay un medicamento que el felino debe tomar. Nabão es un Lince Ibérico, nacido en 2016, que forma parte del programa de conservación de la especie que se lleva a cabo desde el Zoo: el Lince Ibérico, junto al Ibis Eremita, y otra treintena de especies, son recuperadas en el centro para su posterior reintroducción en la naturaleza. Aunque permanece cerrado al público por la pandemia la actividad continúa: todas las mañanas se reúne la plantilla para realizar una comprobación de posibles síntomas de COVID-19 entre los trabajadores, usan medidas de profilaxis con todos los animales, haciendo especial énfasis con felinos y primates, al ser estos los más propensos a contagiarse con la enfermedad; también siguen un estricto protocolo con la ropa de trabajo: solo es usada una jornada, luego se lava de manera industrial para su desinfección de posibles patógenos. Aún no está claro cuando volverá a abrir sus puertas al público, pero la recuperación de especies y el cuidado de los animales no cesa.
Poco a poco, el país va recuperando su actividad. Hubo quien aseguró que la pandemia serviría para cambiar la forma en que vivimos, para mejor (se entendía), aunque esta “nueva normalidad” se parece mucho a la de antes.
66 / 85

Poco a poco, el país va recuperando su actividad. Hubo quien aseguró que la pandemia serviría para cambiar la forma en que vivimos, para mejor (se entendía), aunque esta “nueva normalidad” se parece mucho a la de antes.
Sai tiene 19 años y es de Ghana, ha vivido en una chabola en el poblado del Cortijo Don domingo en Níjar, Almería, durante tres años desde que cruzó el mar Mediterráneo en una patera. No ha podido encontrar trabajo como temporero durante más de dos meses, desde que el estado de alarma fue impuesto por el gobierno español. Sai desconoce que puede acogerse al trabajo regulado propuesto por el gobierno para el sector primario. Nadie ha ido a informar sobre esta oportunidad.
65 / 85

Sai tiene 19 años y es de Ghana, ha vivido en una chabola en el poblado del Cortijo Don domingo en Níjar, Almería, durante tres años desde que cruzó el mar Mediterráneo en una patera. No ha podido encontrar trabajo como temporero durante más de dos meses, desde que el estado de alarma fue impuesto por el gobierno español. Sai desconoce que puede acogerse al trabajo regulado propuesto por el gobierno para el sector primario. Nadie ha ido a informar sobre esta oportunidad.
Hassana es de origen marroquí. De niña fue vendida a una familia española en Melilla, que la abandonó siendo adolescente. Entonces comenzó una vida llena de problemas: alcohol, malas compañías, cárcel, etc. Hasta el punto de ser considerada apátrida, al no tener documentación ni aparecer en ningún registro oficial. Hoy en día vive en un pequeño piso de alquiler social que comparte con su pareja, en un antiguo palacio reconvertido del centro histórico de Jerez. Es de las pocas que pagan un alquiler simbólico, la mayoría de viviendas están ocupadas por familias que asiste Cáritas con alimentos, desde antes que comenzara el estado de alarma. Su compañero fue diagnosticado con un falso positivo en COVID-19, lo que hizo saltar todas las alarmas en la comunidad, llegando a ser increpados y excluidos por sus vecinos. Hassana tiene miedo a salir de casa, aprovecha la noche cerrada para tirar la basura o hacer cosas y duerme durante el día.
64 / 85

Hassana es de origen marroquí. De niña fue vendida a una familia española en Melilla, que la abandonó siendo adolescente. Entonces comenzó una vida llena de problemas: alcohol, malas compañías, cárcel, etc. Hasta el punto de ser considerada apátrida, al no tener documentación ni aparecer en ningún registro oficial. Hoy en día vive en un pequeño piso de alquiler social que comparte con su pareja, en un antiguo palacio reconvertido del centro histórico de Jerez. Es de las pocas que pagan un alquiler simbólico, la mayoría de viviendas están ocupadas por familias que asiste Cáritas con alimentos, desde antes que comenzara el estado de alarma. Su compañero fue diagnosticado con un falso positivo en COVID-19, lo que hizo saltar todas las alarmas en la comunidad, llegando a ser increpados y excluidos por sus vecinos. Hassana tiene miedo a salir de casa, aprovecha la noche cerrada para tirar la basura o hacer cosas y duerme durante el día.
La almadraba en la provincia de Cádiz es un sistema de pesca milenaria del atún rojo salvaje que, aprovechando el paso por el Estrecho de Gibraltar en su proceso migratorio, captura grandes piezas muy cerca de la costa. Muy apreciado por su calidad, el cupo pesquero se vio reducido durante muchos años debido al drástico descenso en número de ejemplares. Este año es el primero en el que el cupo ha subido, al haberse recuperado la especie. Pero este hecho tiene un sabor agridulce para la comarca de La Janda, ya que la pandemia ha truncado la salida a gran parte del mercado de su producto estrella.
63 / 85

La almadraba en la provincia de Cádiz es un sistema de pesca milenaria del atún rojo salvaje que, aprovechando el paso por el Estrecho de Gibraltar en su proceso migratorio, captura grandes piezas muy cerca de la costa. Muy apreciado por su calidad, el cupo pesquero se vio reducido durante muchos años debido al drástico descenso en número de ejemplares. Este año es el primero en el que el cupo ha subido, al haberse recuperado la especie. Pero este hecho tiene un sabor agridulce para la comarca de La Janda, ya que la pandemia ha truncado la salida a gran parte del mercado de su producto estrella.
Juan Viu, chef y propietario de "Viu espacio gastronómico" revisa una caballa recién capturada mientras el restaurante se prepara para reabrir en Barbate, Cádiz. Muy conocido por sus platos con atún salvaje fresco de almadraba, no quería perder el mejor momento de captura del atún salvaje y ha reabierto, tomando todas las medidas, con todas las mesas reservadas en dos semanas.
62 / 85

Juan Viu, chef y propietario de "Viu espacio gastronómico" revisa una caballa recién capturada mientras el restaurante se prepara para reabrir en Barbate, Cádiz. Muy conocido por sus platos con atún salvaje fresco de almadraba, no quería perder el mejor momento de captura del atún salvaje y ha reabierto, tomando todas las medidas, con todas las mesas reservadas en dos semanas.
Ibrahim Elilo, imán en la mezquita de Jerez, reza frente al ataúd de un varón marroquí de 77 años fallecido a causa del COVID-19 en el cementerio, momentos antes de ser enterrado.
61 / 85

Como fotoperiodista, he estado documentando la pandemia desde que comenzó el estado de alarma. Quizás sea la razón de que me escandalice la actitud de algunas personas irresponsables, o las que niegan la evidencia científica y politizan la situación. Son muchas las veces que he regresado a casa con miedo de llevar el virus encima, con miedo de contagiar a mis seres queridos; porque he visto lo que el COVID-19 es capaz de hacer. Últimamente me pregunto por qué estas personas no se consideran partícipes de la situación: no tengo una respuesta, pero quizás sea porque como profesionales no hemos podido mostrar la realidad, hemos fallado en nuestra labor. Pero la culpa no es nuestra, sino de las personas que han impedido el acceso a profesionales de la información a los lugares donde los efectos más graves de la pandemia ocurren. Como válidos de la moral y lo que la población debe ver o no. Sigan difundiendo fotos y vídeos caseros de situaciones tiernas para suavizar la pandemia. Así nos va.// En la imagen: Ibrahim Elilo, imán en la mezquita de Jerez, reza frente al ataúd de un varón marroquí de 77 años fallecido a causa del COVID-19 en el cementerio, momentos antes de ser enterrado.
El sector empresarial dedicado a eventos ha sufrido un duro golpe a causa de la pandemia por COVID-19. Como el caso de Germán Domínguez, autónomo de 41 años, con más de 20 años en sector del alquiler de equipos de sonido e iluminación. En el comienzo del estado de alarma también comenzaba su periodo de trabajo más intenso del año, ya ha acumulado pérdidas considerables y las cancelaciones o aplazamientos no cesan. No recuerda una situación empresarial igual, pero prefiere no pensar demasiado en los próximos meses; se concentra en formarse y estar preparado para cuando el mercado remonte.
60 / 85

El sector empresarial dedicado a eventos ha sufrido un duro golpe a causa de la pandemia por COVID-19. Como el caso de Germán Domínguez, autónomo de 41 años, con más de 20 años en sector del alquiler de equipos de sonido e iluminación. En el comienzo del estado de alarma también comenzaba su periodo de trabajo más intenso del año, ya ha acumulado pérdidas considerables y las cancelaciones o aplazamientos no cesan. No recuerda una situación empresarial igual, pero prefiere no pensar demasiado en los próximos meses; se concentra en formarse y estar preparado para cuando el mercado remonte.
Dos céntimos es el capital con el que Juan Ortega “El Vasco”, de 54 años, afronta el día. Antes del estado de alarma ocupaba un lugar en el centro de Almería, frente a un hipermercado, donde pasaba el día y recibía ayuda de los vecinos. Esa situación ha cambiado, no le permiten estar en la calle y no consigue comida o limosna para sobrevivir. Tampoco puede acceder al Centro Municipal de Acogida, que está al borde de su capacidad, y duerme en la calle cada noche.
59 / 85

Dos céntimos es el capital con el que Juan Ortega “El Vasco”, de 54 años, afronta el día. Antes del estado de alarma ocupaba un lugar en el centro de Almería, frente a un hipermercado, donde pasaba el día y recibía ayuda de los vecinos. Esa situación ha cambiado, no le permiten estar en la calle y no consigue comida o limosna para sobrevivir. Tampoco puede acceder al Centro Municipal de Acogida, que está al borde de su capacidad, y duerme en la calle cada noche.
La crisis económica resultado de la pandemia por COVID-19 ha llegado con efectos devastadores para la economía. En la ciudad de Jerez, con unos de los mayores índices de desempleo en España, el impacto es notable. Un negocio cerrado en la céntrica Calle Honda, tradicionalmente lugar de compras, hace recordar tiempos pasados de la crisis económica anterior. En dicha calle el número de locales comerciales cerrados llega a la decena, casi la mitad.
58 / 85

La crisis económica resultado de la pandemia por COVID-19 ha llegado con efectos devastadores para la economía. En la ciudad de Jerez, con unos de los mayores índices de desempleo en España, el impacto es notable. Un negocio cerrado en la céntrica Calle Honda, tradicionalmente lugar de compras, hace recordar tiempos pasados de la crisis económica anterior. En dicha calle el número de locales comerciales cerrados llega a la decena, casi la mitad.
Ayer fue el primer día de la Fase 1 de desescalada del confinamiento en España a causa de la pandemia por COVID-19 y sorprenden escenas como aglomeraciones en terrazas de bar, besos, abrazos... En la imagen: la leyenda “¿Qué haces fuera?” luce en la puerta de una guardería en Jerez.
57 / 85

Ayer fue el primer día de la Fase 1 de desescalada del confinamiento en España a causa de la pandemia por COVID-19 y sorprenden escenas como aglomeraciones en terrazas de bar, besos, abrazos... En la imagen: la leyenda “¿Qué haces fuera?” luce en la puerta de una guardería en Jerez.
Francisco José Mancilla, 44, regenta una tienda de ropa de caballero en Jerez. Estos meses de confinamiento por la pandemia de COVID-19 eran los más fuertes del año en ventas, y ahora están perdidos. Estima que ha dejado de ingresar 13.000 €, entre Semana Santa, Feria de Jerez, bodas y comuniones. Teniendo un stock valorado en unos 8.000 € en tienda, sin posibilidad de salida. Tiene mujer y tres hijos, su mujer se encuentra inmersa en una expediente de regulación de empleo temporal y ahora dependen de la tienda, aunque su futuro sea incierto.
56 / 85

Francisco José Mancilla, 44, regenta una tienda de ropa de caballero en Jerez. Estos meses de confinamiento por la pandemia de COVID-19 eran los más fuertes del año en ventas, y ahora están perdidos. Estima que ha dejado de ingresar 13.000 €, entre Semana Santa, Feria de Jerez, bodas y comuniones. Teniendo un stock valorado en unos 8.000 € en tienda, sin posibilidad de salida. Tiene mujer y tres hijos, su mujer se encuentra inmersa en una expediente de regulación de empleo temporal y ahora dependen de la tienda, aunque su futuro sea incierto.
José Díaz, de 56 años, es natural de El Cuervo, Sevilla, pero aparca su coche en la provincia de Cádiz, frente a su casa. Vive en la Avenida de Cádiz del pueblo sevillano, antigua cañada real, que a partir del número 68 pasa a pertenecer a la provincia de Cádiz. Ambas provincias pasan mañana a Fase 1 de la desescalada programada por el gobierno de España por la pandemia de COVID-19, que impide viajar entre provincias, aunque resultará difícil seguir esta norma para los vecinos que habitan aquí ya que cada día cruzan la calle, o sea, de una provincia a otra para comprar el pan, ir al banco o la farmacia. Esta situación administrativa no es nueva, llevan décadas así, vecinos que tributan en diferentes municipios o votan en elecciones en lugares diferentes. En la imagen, José con un pie en Cádiz y otro en Sevilla, frente a su hogar.
55 / 85

José Díaz, de 56 años, es natural de El Cuervo, Sevilla, pero aparca su coche en la provincia de Cádiz, frente a su casa. Vive en la Avenida de Cádiz del pueblo sevillano, antigua cañada real, que a partir del número 68 pasa a pertenecer a la provincia de Cádiz. Ambas provincias pasan mañana a Fase 1 de la desescalada programada por el gobierno de España por la pandemia de COVID-19, que impide viajar entre provincias, aunque resultará difícil seguir esta norma para los vecinos que habitan aquí ya que cada día cruzan la calle, o sea, de una provincia a otra para comprar el pan, ir al banco o la farmacia. Esta situación administrativa no es nueva, llevan décadas así, vecinos que tributan en diferentes municipios o votan en elecciones en lugares diferentes. En la imagen, José con un pie en Cádiz y otro en Sevilla, frente a su hogar.
Tres generaciones de una misma familia, tres generaciones sufriendo exclusión social. La situación provocada por el COVID-19 no ha hecho más que acrecentar las diferencias entre unos y otros, ricos y pobres, los de aquí y los de fuera. En la imagen, una familia rumana tras recibir mascarillas, comida e indicaciones sobre cómo prevenir el contagio por coronavirus, en la puerta de su hogar en Granada.
54 / 85

Tres generaciones de una misma familia, tres generaciones sufriendo exclusión social. La situación provocada por el COVID-19 no ha hecho más que acrecentar las diferencias entre unos y otros, ricos y pobres, los de aquí y los de fuera. En la imagen, una familia rumana tras recibir mascarillas, comida e indicaciones sobre cómo prevenir el contagio por coronavirus, en la puerta de su hogar en Granada.
Los grupos de personas más desfavorecidas son termómetro evidente de la crisis económica que viene asociada con la pandemia por COVID-19. Adoleciendo de manera temprana la falta de ingresos y, en consecuencia, la falta de bienes básicos de subsistencia. En la Imagen: Radu Rostas, de 54 años, originario de Rumanía en el interior de la chabola donde vive en Granada.
53 / 85

Los grupos de personas más desfavorecidas son termómetro evidente de la crisis económica que viene asociada con la pandemia por COVID-19. Adoleciendo de manera temprana la falta de ingresos y, en consecuencia, la falta de bienes básicos de subsistencia. En la Imagen: Radu Rostas, de 54 años, originario de Rumanía en el interior de la chabola donde vive en Granada.
En el comienzo de la desescalada por fases del confinamiento en España, los pueblos que tomaron medidas tempranas ante la pandemia tienen ventaja y se espera que relajen las medidas antes que núcleos urbanos mayores. Como es el caso de Zahara de la Sierra en la provincia de Cádiz, que no ha tenido casos positivos de COVID-19. En la imagen, un automóvil pasa por un arco sanitario en el único acceso habilitado de entrada al pueblo.
52 / 85

En el comienzo de la desescalada por fases del confinamiento en España, los pueblos que tomaron medidas tempranas ante la pandemia tienen ventaja y se espera que relajen las medidas antes que núcleos urbanos mayores. Como es el caso de Zahara de la Sierra en la provincia de Cádiz, que no ha tenido casos positivos de COVID-19. En la imagen, un automóvil pasa por un arco sanitario en el único acceso habilitado de entrada al pueblo.
La artista Julia Sangil, de 21 años, tuvo que dejar la universidad y regresar a casa de su familia en Jerez debido a la pandemia producida por la COVID-19. Tras días confinada, tenía la sensación de no saber en qué día vivía, todos los días eran iguales, lo que le inspiró para realizar una cuenta de cada uno que pasaba en la puerta del garaje de su casa con tiza, que ahora luce públicamente 53 días más tarde, y sumando. Eligió el estilo “carcelario”, ya que es así cómo siente la situación. En la imagen, una mujer corre delante de su obra en Jerez, el 5 de mayo, 2020.
51 / 85

La artista Julia Sangil, de 21 años, tuvo que dejar la universidad y regresar a casa de su familia en Jerez debido a la pandemia producida por la COVID-19. Tras días confinada, tenía la sensación de no saber en qué día vivía, todos los días eran iguales, lo que le inspiró para realizar una cuenta de cada uno que pasaba en la puerta del garaje de su casa con tiza, que ahora luce públicamente 53 días más tarde, y sumando. Eligió el estilo “carcelario”, ya que es así cómo siente la situación. En la imagen, una mujer corre delante de su obra en Jerez, el 5 de mayo, 2020.
Manuel despierta a Josefa del profundo sueño que le produce la medicación. Es hora de ir a lavarse las manos y sentarse a la mesa para comer, pero antes se acercan a la ventana a mirar la calle, desierta de vida, como si de un ritual diario se tratara. Josefa duerme la mayoría del día; “son las pastillas” comenta Manuel. Hace diez años, fue diagnosticada con DCL: demencia con cuerpos de Lewy, una enfermedad degenerativa del cerebro cuyos síntomas se asemejan al Alzheimer. “Hay días peores y días mejores”, dice Manuel, “Mi hijo propuso que la internásemos en una residencia, pero mientras yo pueda no voy a hacerle eso”. Llevan más de 45 días sin salir a la calle a dar sus paseos por la pandemia por COVID-19. Manuel hace escasamente un mes que salió del hospital por problemas respiratorios graves, justo antes de que el coronavirus llegara para quedarse; Josefa no sabe qué ocurre, en algún momento lúcido parece entender que hay un virus que puede ser mortal para ellos, pero pronto lo olvida. Manuel dedica sus días a atender su esposa desde que el estado de alarma recortara la necesaria ayuda a domicilio, a servicios mínimos. En Jerez, Cádiz, el 29 de abril de 2020.
50 / 85

Manuel despierta a Josefa del profundo sueño que le produce la medicación. Es hora de ir a lavarse las manos y sentarse a la mesa para comer, pero antes se acercan a la ventana a mirar la calle, desierta de vida, como si de un ritual diario se tratara. Josefa duerme la mayoría del día; “son las pastillas” comenta Manuel. Hace diez años, fue diagnosticada con DCL: demencia con cuerpos de Lewy, una enfermedad degenerativa del cerebro cuyos síntomas se asemejan al Alzheimer. “Hay días peores y días mejores”, dice Manuel, “Mi hijo propuso que la internásemos en una residencia, pero mientras yo pueda no voy a hacerle eso”. Llevan más de 45 días sin salir a la calle a dar sus paseos por la pandemia por COVID-19. Manuel hace escasamente un mes que salió del hospital por problemas respiratorios graves, justo antes de que el coronavirus llegara para quedarse; Josefa no sabe qué ocurre, en algún momento lúcido parece entender que hay un virus que puede ser mortal para ellos, pero pronto lo olvida. Manuel dedica sus días a atender su esposa desde que el estado de alarma recortara la necesaria ayuda a domicilio, a servicios mínimos. En Jerez, Cádiz, el 29 de abril de 2020.
La población inmigrante en Almería ha crecido considerablemente en los últimos años. Muchos llegaron por mar cruzando el Estrecho de Gibraltar, otros usaron la ruta del Mediterráneo central, Libia, y viajaron desde Italia hasta la provincia andaluza en busca de trabajo en el cultivo intensivo de invernadero. Se estima que más de 6.000 viven en condiciones precarias en asentamientos de chabolas, hecho que se ha tolerado por sucesivos gobiernos desde hace más de treinta años. Con el estado de alarma asociado a la pandemia por COVID-19 no pueden conseguir trabajo, salvo jornales esporádicos, y la población comienza a notar la falta de alimentos. En la imagen, un miembro de la ONG española Médicos de Mundo realiza controles de temperatura a inmigrantes en un poblado de chabolas en Níjar, Almería, como parte del seguimiento sanitario que realizan en el colectivo el 22 de abril de 2020.
49 / 85
La población inmigrante en Almería ha crecido considerablemente en los últimos años. Muchos llegaron por mar cruzando el Estrecho de Gibraltar, otros usaron la ruta del Mediterráneo central, Libia, y viajaron desde Italia hasta la provincia andaluza en busca de trabajo en el cultivo intensivo de invernadero. Se estima que más de 6.000 viven en condiciones precarias en asentamientos de chabolas, hecho que se ha tolerado por sucesivos gobiernos desde hace más de treinta años. Con el estado de alarma asociado a la pandemia por COVID-19 no pueden conseguir trabajo, salvo jornales esporádicos, y la población comienza a notar la falta de alimentos. En la imagen, un miembro de la ONG española Médicos de Mundo realiza controles de temperatura a inmigrantes en un poblado de chabolas en Níjar, Almería, como parte del seguimiento sanitario que realizan en el colectivo el 22 de abril de 2020.
Felicia Vanjo es de Rumania y tiene 55 años. En estos días de estado de alarma le impide salir a recoger chatarra o mendigar, por lo que no puede obtener comida o la medicación que necesita. Vive junto a otras diez personas de Rumania en una chabola precaria en las afueras del barrio de La Chana, en Granada, España. Sin agua ni electricidad. Es viuda desde hace diez años y no tiene soporte familiar. Hoy ha recibido alimentos, máscaras y guantes desechables, así como información sobre cómo prevenir la infección de COVID-19 de la ONG española Médicos del Mundo, Granada, España, el 16 de abril de 2020.
48 / 85
Felicia Vanjo es de Rumania y tiene 55 años. En estos días de estado de alarma le impide salir a recoger chatarra o mendigar, por lo que no puede obtener comida o la medicación que necesita. Vive junto a otras diez personas de Rumania en una chabola precaria en las afueras del barrio de La Chana, en Granada, España. Sin agua ni electricidad. Es viuda desde hace diez años y no tiene soporte familiar. Hoy ha recibido alimentos, máscaras y guantes desechables, así como información sobre cómo prevenir la infección de COVID-19 de la ONG española Médicos del Mundo, Granada, España, el 16 de abril de 2020.
Hoy dos de mayo comienza a relajarse el confinamiento decretado a causa de la pandemia por COVID-19, con franjas horarias en las que se puede salir a hacer deporte y pasear divididos en grupos de edad. Una oportunidad para muchos de salir de casa tras más de 45 días. En la imagen, una persona corre a primera hora de la mañana en la Calle Sevilla en Jerez de la Frontera, Cádiz.
47 / 85
Hoy dos de mayo comienza a relajarse el confinamiento decretado a causa de la pandemia por COVID-19, con franjas horarias en las que se puede salir a hacer deporte y pasear divididos en grupos de edad. Una oportunidad para muchos de salir de casa tras más de 45 días. En la imagen, una persona corre a primera hora de la mañana en la Calle Sevilla en Jerez de la Frontera, Cádiz.
Manuel Ramos y Josefa Contreras comparten vida y edad, ambos tienen 86 años. Hace diez años, Josefa fue diagnosticada con DCL (Demencia con Cuerpos de Lewy), una enfermedad degenerativa del cerebro cuyos síntomas se asemejan al Alzheimer. Ninguno de los dos ha salido de casa desde el comienzo del estado de alarma. Manuel solía ir a un bar cercano a leer el periódico durante una hora cada día, mientras una persona del servicio de asistencia a domicilio cuidaba de Josefa. Hoy en día no puede hacerlo por las restricciones impuestas por la pandemia y porque esa ayuda diaria se ha reducido a dos días a la semana, al estar en servicios mínimos. En Jerez, Cádiz, el 29 de abril de 2020.
46 / 85

Manuel Ramos y Josefa Contreras comparten vida y edad, ambos tienen 86 años. Hace diez años, Josefa fue diagnosticada con DCL (Demencia con Cuerpos de Lewy), una enfermedad degenerativa del cerebro cuyos síntomas se asemejan al Alzheimer. Ninguno de los dos ha salido de casa desde el comienzo del estado de alarma. Manuel solía ir a un bar cercano a leer el periódico durante una hora cada día, mientras una persona del servicio de asistencia a domicilio cuidaba de Josefa. Hoy en día no puede hacerlo por las restricciones impuestas por la pandemia y porque esa ayuda diaria se ha reducido a dos días a la semana, al estar en servicios mínimos. En Jerez, Cádiz, el 29 de abril de 2020.
Inmaculada, de 53 años, es divorciada de un matrimonio con una persona violenta. Siempre ha trabajado, pero nunca de manera regularizada hasta 20 días antes de la declaración del estado de alarma impuesto por la pandemia del COVID-19, su única cotización al Estado. Solo cuenta con la ayuda económica que le proporciona una asistente social de 120 € al mes, y recibe comida distribuida por el Ayuntamiento de Jerez para personas necesitadas. Lleva dos meses sin pagar recibos o la hipoteca de su pequeño piso. Espera con ansia que el gobierno de España apruebe una renta básica que le permita sobrevivir. Jerez, el 29 de abril de 2020.
45 / 85

Inmaculada, de 53 años, es divorciada de un matrimonio con una persona violenta. Siempre ha trabajado, pero nunca de manera regularizada hasta 20 días antes de la declaración del estado de alarma impuesto por la pandemia del COVID-19, su única cotización al Estado. Solo cuenta con la ayuda económica que le proporciona una asistente social de 120 € al mes, y recibe comida distribuida por el Ayuntamiento de Jerez para personas necesitadas. Lleva dos meses sin pagar recibos o la hipoteca de su pequeño piso. Espera con ansia que el gobierno de España apruebe una renta básica que le permita sobrevivir. Jerez, el 29 de abril de 2020.
Dianko Camara, de 32 años, consulta su teléfono móvil en el interior de su chabola mientras explica que llegó a España, desde Senegal, hace tres años en patera; ha pasado los últimos dos viviendo en una chabola en Almería. Desde el comienzo del estado de alarma no consigue trabajo en los invernaderos de Níjar. Dianko, como las 6.000 personas que viven en asentamientos chabolistas en el municipio de Níjar, está muy preocupado por la situación provocada por la pandemia del COVID-19, no tanto por la posibilidad de contagio, sino por no tener comida. Níjar, Almería el 22 de abril de 2020.
44 / 85

Dianko Camara, de 32 años, consulta su teléfono móvil en el interior de su chabola mientras explica que llegó a España, desde Senegal, hace tres años en patera; ha pasado los últimos dos viviendo en una chabola en Almería. Desde el comienzo del estado de alarma no consigue trabajo en los invernaderos de Níjar. Dianko, como las 6.000 personas que viven en asentamientos chabolistas en el municipio de Níjar, está muy preocupado por la situación provocada por la pandemia del COVID-19, no tanto por la posibilidad de contagio, sino por no tener comida. Níjar, Almería el 22 de abril de 2020.
Miembros de una familia gitana-rumana escuchan instrucciones sobre cómo evitar la infección por coronavirus que detalla un médico voluntario de la ONG española Médicos del Mundo, en la puerta de su hogar en Granada, España, como parte de una campaña de información y sensibilización sobre el COVID-19 al colectivo.
43 / 85

Miembros de una familia gitana-rumana escuchan instrucciones sobre cómo evitar la infección por coronavirus que detalla un médico voluntario de la ONG española Médicos del Mundo, en la puerta de su hogar en Granada, España, como parte de una campaña de información y sensibilización sobre el COVID-19 al colectivo.
A los holandeses Ans y Willem Verloop el comienzo del estado de alarma les sorprendió en un camping en Isla Cristina, Huelva. Se plantearon regresar a Holanda, pero el reciente infarto de Willem no le permitía conducir durante tres días de regreso a su hogar. Ahora se ven confinados en su caravana en el Camping Giralda, junto a sus tres perros, al igual que otra decena de personas en dicho camping.
42 / 85

A los holandeses Ans y Willem Verloop el comienzo del estado de alarma les sorprendió en un camping en Isla Cristina, Huelva. Se plantearon regresar a Holanda, pero el reciente infarto de Willem no le permitía conducir durante tres días de regreso a su hogar. Ahora se ven confinados en su caravana en el Camping Giralda, junto a sus tres perros, al igual que otra decena de personas en dicho camping.
Jawad es Marroquí y tiene 38 años, vive en un asentamiento chabolista en Almería desde hace un año. Se considera afortunado porque tiene una chabola de ladrillo que no comparte con nadie, su pequeño espacio personal al que no dudó en invitarme. Dentro me enseña que casi no tiene comida, hay días que solo toma té para engañar al hambre, desde el comienzo del estado de alarma que le impide desplazarse a los invernaderos. Me comenta que viajó a Libia, allí lo arrestaron, su gesto cambia, le inunda la tristeza: “Libia no bueno”, dice. Luego me pide que abra Facebook en mi móvil y busque su perfil para ver el vídeo del momento en el que la Guardia Costera Italiana se dispone a rescatar su patera y esta vuelca dejando a todos en el agua, “yo se nadar”, me dice, “otros...”.
41 / 85

Jawad es Marroquí y tiene 38 años, vive en un asentamiento chabolista en Almería desde hace un año. Se considera afortunado porque tiene una chabola de ladrillo que no comparte con nadie, su pequeño espacio personal al que no dudó en invitarme. Dentro me enseña que casi no tiene comida, hay días que solo toma té para engañar al hambre, desde el comienzo del estado de alarma que le impide desplazarse a los invernaderos. Me comenta que viajó a Libia, allí lo arrestaron, su gesto cambia, le inunda la tristeza: “Libia no bueno”, dice. Luego me pide que abra Facebook en mi móvil y busque su perfil para ver el vídeo del momento en el que la Guardia Costera Italiana se dispone a rescatar su patera y esta vuelca dejando a todos en el agua, “yo se nadar”, me dice, “otros...”.
En 2018 se contabilizaron un total de 70 asentamientos chabolistas e infraviviendas en el municipio almeriense de Níjar, en los que residían 3.000 personas aproximadamente, a día de hoy se estima que la cifra de asentamientos ha subido hasta 92, con 6.000 personas viviendo sin acceso a agua o electricidad en lugares insalubres. Desde el comienzo del estado de alarma provocado por la pandemia del COVID-19 la mayoría de las personas que habitan en estos lugares no pueden trabajar o solo consiguen jornales esporádicos, entre otras razones porque carecen de permiso de residencia. Dependen de ONGs para obtener comida y asistencia. Otro problema al que se enfrenta esta población es la imposibilidad de viajar hacia otras poblaciones donde podrían encontrar jornales, como Murcia o Huelva. En la imagen, un médico voluntario toma la temperatura a una persona que vive en un asentamiento chabolista en Níjar, Almería, para monitorizar el estado de salud de la población el 23 de abril de 2020.
40 / 85

En 2018 se contabilizaron un total de 70 asentamientos chabolistas e infraviviendas en el municipio almeriense de Níjar, en los que residían 3.000 personas aproximadamente, a día de hoy se estima que la cifra de asentamientos ha subido hasta 92, con 6.000 personas viviendo sin acceso a agua o electricidad en lugares insalubres. Desde el comienzo del estado de alarma provocado por la pandemia del COVID-19 la mayoría de las personas que habitan en estos lugares no pueden trabajar o solo consiguen jornales esporádicos, entre otras razones porque carecen de permiso de residencia. Dependen de ONGs para obtener comida y asistencia. Otro problema al que se enfrenta esta población es la imposibilidad de viajar hacia otras poblaciones donde podrían encontrar jornales, como Murcia o Huelva. En la imagen, un médico voluntario toma la temperatura a una persona que vive en un asentamiento chabolista en Níjar, Almería, para monitorizar el estado de salud de la población el 23 de abril de 2020.
El asentamiento chabolista del Cortijo Don Domingo en Níjar ha experimentado un crecimiento exponencial tanto en el número de chabolas como el de personas que lo habitan. Más de 200 personas migradas de Marruecos y Ghana, principalmente, habitan en condiciones insalubres, sin agua corriente o electricidad. La situación provocada por el COVID-19 hace que no puedan desplazarse para trabajar en los invernaderos, la pobreza y el hambre comienzan a ser patentes en la comunidad. En la imagen, una persona cocina pezuñas de vaca en una lata de aceite oxidada.
39 / 85

El asentamiento chabolista del Cortijo Don Domingo en Níjar ha experimentado un crecimiento exponencial tanto en el número de chabolas como el de personas que lo habitan. Más de 200 personas migradas de Marruecos y Ghana, principalmente, habitan en condiciones insalubres, sin agua corriente o electricidad. La situación provocada por el COVID-19 hace que no puedan desplazarse para trabajar en los invernaderos, la pobreza y el hambre comienzan a ser patentes en la comunidad. En la imagen, una persona cocina pezuñas de vaca en una lata de aceite oxidada.
Juan Ortega “El Vasco”, de 54 años, vive en la calle en Almería desde 2004. Lleva desde los 13 años en situación de calle: perdió a su madre con 3 años, a su padre con 12, sus hermanos también murieron. Vivió su adolescencia de paliza en paliza en reformatorios hasta que se escapó. Antes del estado de alarma, ocupaba un lugar en Avenida de Almería, frente a un hipermercado, donde pasaba el día y recibía ayuda de los vecinos. Esa situación ha cambiado, no le permiten estar en la calle y no consigue comida o limosna para sobrevivir. La semana pasada perdió a Alberto “El Argentino”, su mejor amigo, otros tres compañeros han fallecido desde el comienzo de la pandemia. Juan suele conseguir comida porque es una persona apreciada en la ciudad, y realiza su propio trabajo solidario con otras personas en situación de calle, compartiendo con ellos lo poco que tiene. El Ayuntamiento de Almería cerró la admisión del Centro Municipal de Acogida al borde de su capacidad, el pabellón habilitado en el Barrio de El Zapillo tampoco admite a más usuarios, habiendo muchos, como Juan, en la calle sin recursos o ayuda. “Las noches son lo peor, porque le das vueltas a la cabeza: ¿Qué haré mañana?¿Conseguiré comida?¿Dónde dormiré?” comenta Juan. Me despido de él justo cuando comienzan a sonar los aplausos de las ocho, Juan me pide un Euro para comprar pan, suena el himno de España desde una ventana.
38 / 85

Juan Ortega “El Vasco”, de 54 años, vive en la calle en Almería desde 2004. Lleva desde los 13 años en situación de calle: perdió a su madre con 3 años, a su padre con 12, sus hermanos también murieron. Vivió su adolescencia de paliza en paliza en reformatorios hasta que se escapó. Antes del estado de alarma, ocupaba un lugar en Avenida de Almería, frente a un hipermercado, donde pasaba el día y recibía ayuda de los vecinos. Esa situación ha cambiado, no le permiten estar en la calle y no consigue comida o limosna para sobrevivir. La semana pasada perdió a Alberto “El Argentino”, su mejor amigo, otros tres compañeros han fallecido desde el comienzo de la pandemia. Juan suele conseguir comida porque es una persona apreciada en la ciudad, y realiza su propio trabajo solidario con otras personas en situación de calle, compartiendo con ellos lo poco que tiene. El Ayuntamiento de Almería cerró la admisión del Centro Municipal de Acogida al borde de su capacidad, el pabellón habilitado en el Barrio de El Zapillo tampoco admite a más usuarios, habiendo muchos, como Juan, en la calle sin recursos o ayuda. “Las noches son lo peor, porque le das vueltas a la cabeza: ¿Qué haré mañana?¿Conseguiré comida?¿Dónde dormiré?” comenta Juan. Me despido de él justo cuando comienzan a sonar los aplausos de las ocho, Juan me pide un Euro para comprar pan, suena el himno de España desde una ventana.
El albergue de inmigrantes frustrado de Lepe, Huelva, que está ubicado en en el polígono industrial El Chorrillo, tuvo un presupuesto de 1.300.000 euros. El centro, inicialmente, contaría con unas 300 camas y una zona exterior para 500 personas en acampada. La obra que se llevaba a cabo por el Ayuntamiento se paralizó a punto de finalizarse, el Alcalde argumentó que no era competencia del ayuntamiento sino del gobierno andaluz, quedando vacío y sin uso desde entonces. A finales de 2019 un grupo de los 1.400 trabajadores migrantes que viven en asentamientos chabolistas lo ocuparon hartos de sufrir las inclemencias del tiempo en chabolas de plástico y cartón. Hoy en día sigue habitado por estos inquilinos, en forma de comunidad, y se ha convertido un un referente para las personas migradas en Lepe.
37 / 85

El albergue de inmigrantes frustrado de Lepe, Huelva, que está ubicado en en el polígono industrial El Chorrillo, tuvo un presupuesto de 1.300.000 euros. El centro, inicialmente, contaría con unas 300 camas y una zona exterior para 500 personas en acampada. La obra que se llevaba a cabo por el Ayuntamiento se paralizó a punto de finalizarse, el Alcalde argumentó que no era competencia del ayuntamiento sino del gobierno andaluz, quedando vacío y sin uso desde entonces. A finales de 2019 un grupo de los 1.400 trabajadores migrantes que viven en asentamientos chabolistas lo ocuparon hartos de sufrir las inclemencias del tiempo en chabolas de plástico y cartón. Hoy en día sigue habitado por estos inquilinos, en forma de comunidad, y se ha convertido un un referente para las personas migradas en Lepe.
La situación de estado de alarma en la que se encuentra España desde el pasado día 14 de marzo ha supuesto un escollo en el sistema de educación a nivel nacional, ya que ha dejado a unos 10 millones de niños y jóvenes sin la posibilidad ir a clase. Si bien la mayoría de centros educativos se han adaptado a la situación propiciando clases y actividades online, hay discrepancias entre el gobierno central y autonómicos en cuanto a cómo realizar y evaluar el tercer trimestre para los alumnos. En la imagen, una empleada cierra la puerta de un aula en un centro de formación profesional en Sevilla.
36 / 85

La situación de estado de alarma en la que se encuentra España desde el pasado día 14 de marzo ha supuesto un escollo en el sistema de educación a nivel nacional, ya que ha dejado a unos 10 millones de niños y jóvenes sin la posibilidad ir a clase. Si bien la mayoría de centros educativos se han adaptado a la situación propiciando clases y actividades online, hay discrepancias entre el gobierno central y autonómicos en cuanto a cómo realizar y evaluar el tercer trimestre para los alumnos. En la imagen, una empleada cierra la puerta de un aula en un centro de formación profesional en Sevilla.
Antonio, de 48 años, trabaja en una pequeña empresa dedicada a la desinfección de lugares públicos y oficinas en Jerez. Desde que comenzó el estado de alarma sale a trabajar temprano y llega de noche, no ha disfrutado de un solo día libre en todo este tiempo.
35 / 85

Antonio, de 48 años, trabaja en una pequeña empresa dedicada a la desinfección de lugares públicos y oficinas en Jerez. Desde que comenzó el estado de alarma sale a trabajar temprano y llega de noche, no ha disfrutado de un solo día libre en todo este tiempo.
Jerez es una de las ciudades europeas con mayor tasa de paro, con más de 32.000 desempleados desde que comenzara la crisis provocada por el coronavirus. Cada día de confinamiento domiciliario pesa como una losa a las cientos de familias que comienzan a tener problemas reales para poner un plato de comida sobre la mesa o pagar las facturas que se acumulan en el cajón. Desde el Ayuntamiento se ha habilitado el reparto de bienes de primera necesidad, donados por empresas, para los más de 1.000 hogares que se enfrentan a la actual situación con serias dificultades económicas. En la imagen, voluntarios de Protección Civil y grupos Scout preparan bolsas de comida y productos de higiene en un polideportivo convertido en banco de alimentos en Jerez, Cádiz.
34 / 85

Jerez es una de las ciudades europeas con mayor tasa de paro, con más de 32.000 desempleados desde que comenzara la crisis provocada por el coronavirus. Cada día de confinamiento domiciliario pesa como una losa a las cientos de familias que comienzan a tener problemas reales para poner un plato de comida sobre la mesa o pagar las facturas que se acumulan en el cajón. Desde el Ayuntamiento se ha habilitado el reparto de bienes de primera necesidad, donados por empresas, para los más de 1.000 hogares que se enfrentan a la actual situación con serias dificultades económicas. En la imagen, voluntarios de Protección Civil y grupos Scout preparan bolsas de comida y productos de higiene en un polideportivo convertido en banco de alimentos en Jerez, Cádiz.
Cerca de 6.500 mujeres de origen marroquí, se encuentran en Huelva trabajando en el campo. Forman parte del contingente de trabajadoras contratadas en origen al inicio de la campaña para la recolección de la fresa y que no pueden regresar a su país por el cierre de la frontera con Marruecos. Para procurarles una continuidad de trabajo y alojamiento, la patronal de la Fresa y Frutos Rojos de Huelva, Interfresa, ha aprobado un plan especial para que puedan seguir trabajando, en caso de que la explotación agrícola en la que están contratadas cese la actividad por la crisis del coronavirus. También se ha barajado la posibilidad de que estas trabajadoras se trasladen a otras provincias españolas para continuar trabajando en otras explotaciones agrícolas. En la imagen, una temporera marroquí recoge fresas en un invernadero localizado en Lepe, Huelva.
33 / 85

Cerca de 6.500 mujeres de origen marroquí, se encuentran en Huelva trabajando en el campo. Forman parte del contingente de trabajadoras contratadas en origen al inicio de la campaña para la recolección de la fresa y que no pueden regresar a su país por el cierre de la frontera con Marruecos. Para procurarles una continuidad de trabajo y alojamiento, la patronal de la Fresa y Frutos Rojos de Huelva, Interfresa, ha aprobado un plan especial para que puedan seguir trabajando, en caso de que la explotación agrícola en la que están contratadas cese la actividad por la crisis del coronavirus. También se ha barajado la posibilidad de que estas trabajadoras se trasladen a otras provincias españolas para continuar trabajando en otras explotaciones agrícolas. En la imagen, una temporera marroquí recoge fresas en un invernadero localizado en Lepe, Huelva.
Radu Rostas, rumano de 54 años, sale de la chabola donde vive para mostrar su medicación a voluntarios de @medicosdelmundoespana. En estos días que el estado de alarma le impide salir a recoger chatarra, no puede obtener comida o medicación para sus problemas cardiacos. Vive junto a una decena de personas de origen rumano en un asentamiento chabolista insalubre a las afueras del Barrio de La Chana, en Granada. Sin agua o electricidad. Hoy han recibido comida, mascarillas y guantes desechables, así cómo información sobre cómo prevenir el contagio por COVID-19, por parte de los voluntarios.
32 / 85

Radu Rostas, rumano de 54 años, sale de la chabola donde vive para mostrar su medicación a voluntarios de @medicosdelmundoespana. En estos días que el estado de alarma le impide salir a recoger chatarra, no puede obtener comida o medicación para sus problemas cardiacos. Vive junto a una decena de personas de origen rumano en un asentamiento chabolista insalubre a las afueras del Barrio de La Chana, en Granada. Sin agua o electricidad. Hoy han recibido comida, mascarillas y guantes desechables, así cómo información sobre cómo prevenir el contagio por COVID-19, por parte de los voluntarios.
“Si llega el coronavirus al asentamiento... Dios dirá: no tenemos agua ni electricidad, dormimos cuatro personas en la misma chabola cada noche” dice Baboucar, de 31 años, cuando le pregunto sobe la pandemia de COVID-19. Es de Senegal y vive en un asentamiento chabolista en Lepe, Huelva. Llegó a España hace dos años tras cruzar el Mar de Alborán, Estrecho de Gibraltar, en una patera junto a otras 68 personas, “La peor experiencia de mi vida, pasé mucho miedo”, comenta. Fue rescatado por Salvamento Marítimo y llevado a puerto. Hoy en día intenta encontrar trabajo en la recolección de frutos rojos en Lepe “es muy difícil si no tienes papeles, no te dejan trabajar, necesitamos papeles”. Vive en una chabola hecha con madera y plástico en un terreno cercano a un polígono industrial. En Senegal era informático, tiene mujer y dos niños, no se plantea regresar ya que todo el esfuerzo y lo que ha vivido hasta ahora habría sido en vano. “Si tengo papeles y trabajo, entonces todo bien, regreso a Senegal a por mi familia y ayudo a mis padres”. Se estima que solo en Lepe hay unas 1.400 personas viviendo en estas condiciones, repartidos en 13 asentamientos diseminados por el término municipal.
31 / 85

“Si llega el coronavirus al asentamiento... Dios dirá: no tenemos agua ni electricidad, dormimos cuatro personas en la misma chabola cada noche” dice Baboucar, de 31 años, cuando le pregunto sobe la pandemia de COVID-19. Es de Senegal y vive en un asentamiento chabolista en Lepe, Huelva. Llegó a España hace dos años tras cruzar el Mar de Alborán, Estrecho de Gibraltar, en una patera junto a otras 68 personas, “La peor experiencia de mi vida, pasé mucho miedo”, comenta. Fue rescatado por Salvamento Marítimo y llevado a puerto. Hoy en día intenta encontrar trabajo en la recolección de frutos rojos en Lepe “es muy difícil si no tienes papeles, no te dejan trabajar, necesitamos papeles”. Vive en una chabola hecha con madera y plástico en un terreno cercano a un polígono industrial. En Senegal era informático, tiene mujer y dos niños, no se plantea regresar ya que todo el esfuerzo y lo que ha vivido hasta ahora habría sido en vano. “Si tengo papeles y trabajo, entonces todo bien, regreso a Senegal a por mi familia y ayudo a mis padres”. Se estima que solo en Lepe hay unas 1.400 personas viviendo en estas condiciones, repartidos en 13 asentamientos diseminados por el término municipal.
Debo admitir que no esperaba ver esto al acompañar al equipo de voluntarios de @medicosdelmundoespana en Sevilla. Al comienzo de la jornada, Valentín (voluntario de @medicosdelmundoandalucia ) me dijo que íbamos a un lugar donde podría haber personas en situación de calle. Fuera de su itinerario habitual. Al llegar se adelantó, iba a echar un vistazo mientras aparcamos la furgoneta en un lugar cercano. Suena el teléfono del otro voluntario: indicaciones de que prepare dos bolsas de frutas, pan, embutidos y botellas de agua. Nos dirigimos al lugar sorteando tráfico, arbustos y barreras, un perro ladra en la lejanía defendiendo a su dueño. Veo que Valentín se adentra bajo un puente, gira la cara y me mira con gesto grave, desde mi posición no veo más que basura. El terreno es irregular e intento sortear obstáculos para acercarme. De pronto, el voluntario habla hacia un montón de ropa en el suelo, hay una persona entre la basura. “¿Hola?¿Estás bien?”, hasta en cinco ocasiones, sin respuesta alguna, lo intenta en inglés y francés. El cuerpo no se mueve. Tememos lo peor. Pasaron segundos que parecieron minutos, el cuerpo se mueve. Todos respiramos aliviados. Valentín vuelve a preguntar sobre su estado de salud, sólo un balbuceo salió del montón de ropa. No llegamos a ver el rostro de la persona que escondían los harapos.
30 / 85

Debo admitir que no esperaba ver esto al acompañar al equipo de voluntarios de @medicosdelmundoespana en Sevilla. Al comienzo de la jornada, Valentín (voluntario de @medicosdelmundoandalucia ) me dijo que íbamos a un lugar donde podría haber personas en situación de calle. Fuera de su itinerario habitual. Al llegar se adelantó, iba a echar un vistazo mientras aparcamos la furgoneta en un lugar cercano. Suena el teléfono del otro voluntario: indicaciones de que prepare dos bolsas de frutas, pan, embutidos y botellas de agua. Nos dirigimos al lugar sorteando tráfico, arbustos y barreras, un perro ladra en la lejanía defendiendo a su dueño. Veo que Valentín se adentra bajo un puente, gira la cara y me mira con gesto grave, desde mi posición no veo más que basura. El terreno es irregular e intento sortear obstáculos para acercarme. De pronto, el voluntario habla hacia un montón de ropa en el suelo, hay una persona entre la basura. “¿Hola?¿Estás bien?”, hasta en cinco ocasiones, sin respuesta alguna, lo intenta en inglés y francés. El cuerpo no se mueve. Tememos lo peor. Pasaron segundos que parecieron minutos, el cuerpo se mueve. Todos respiramos aliviados. Valentín vuelve a preguntar sobre su estado de salud, sólo un balbuceo salió del montón de ropa. No llegamos a ver el rostro de la persona que escondían los harapos.
Voluntarios de Cruz Roja en Jerez ordenan el almacén de alimentos y productos de primera necesidad que están facilitando a personas en riesgo de exclusión social, como personas sin hogar y familias sin recursos, haciéndoles llegar kits de alimento e higiene a sus domicilios a aquellas personas que cuentan con problemas de movilidad.
29 / 85

Voluntarios de Cruz Roja en Jerez ordenan el almacén de alimentos y productos de primera necesidad que están facilitando a personas en riesgo de exclusión social, como personas sin hogar y familias sin recursos, haciéndoles llegar kits de alimento e higiene a sus domicilios a aquellas personas que cuentan con problemas de movilidad.
A falta de realizar test generalizados, es imposible saber el número de víctimas mortales que el coronavirus ha dejado en las residencias de ancianos de España. Pero, según los datos proporcionados por las comunidades autónomas, los usuarios de este tipo de centros que han fallecido con COVID-19 o síntomas similares superan los 10.000. En la imagen, un residente del centro de mayores de Ubrique se asoma a la ventana protegido por una mascarilla, el establecimiento cuenta 15 fallecidos de un total de 70 usuarios.
28 / 85

A falta de realizar test generalizados, es imposible saber el número de víctimas mortales que el coronavirus ha dejado en las residencias de ancianos de España. Pero, según los datos proporcionados por las comunidades autónomas, los usuarios de este tipo de centros que han fallecido con COVID-19 o síntomas similares superan los 10.000. En la imagen, un residente del centro de mayores de Ubrique se asoma a la ventana protegido por una mascarilla, el establecimiento cuenta 15 fallecidos de un total de 70 usuarios.
Los casos por coronavirus en España, a punto de cumplirse un mes del estado de alarma, se elevan a 166.019, con un total de 16.972 personas fallecidas. España ostenta el primer puesto europeo en número de contagios y el segundo, tras Italia, en número de muertes producidas por la COVID-19. En la imagen, lápidas retiradas de tumbas y nichos en el cementerio de Jerez, cuyos lugares ocuparán nuevos fallecidos.
27 / 85

Los casos por coronavirus en España, a punto de cumplirse un mes del estado de alarma, se elevan a 166.019, con un total de 16.972 personas fallecidas. España ostenta el primer puesto europeo en número de contagios y el segundo, tras Italia, en número de muertes producidas por la COVID-19. En la imagen, lápidas retiradas de tumbas y nichos en el cementerio de Jerez, cuyos lugares ocuparán nuevos fallecidos.
Blaise, de 33 años, es originario de Burkina Faso y lleva dos años en España. Mientras espera su permiso de residencia trabaja como voluntario en el taller de moda ética Occhiena confeccionando mascarillas que reparten a personas desfavorecidas. El taller está localizado en el distrito sur de Sevilla, también conocido como 'las tres mil viviendas'. Este barrio, junto con otros en la capital andaluza, ha adquirido recientemente el desafortunado título de barrio más pobre de Europa, tras la visita a comienzos de año del relator de la ONU. Son muchas las familias que se acercan a la parroquia local a pedir al Padre Andrés que les ayude con algo de comida, ya que los pocos ingresos que tenían se han visto cercenados por la crisis provocada por el COVID-19.
26 / 85

Blaise, de 33 años, es originario de Burkina Faso y lleva dos años en España. Mientras espera su permiso de residencia trabaja como voluntario en el taller de moda ética Occhiena confeccionando mascarillas que reparten a personas desfavorecidas. El taller está localizado en el distrito sur de Sevilla, también conocido como 'las tres mil viviendas'. Este barrio, junto con otros en la capital andaluza, ha adquirido recientemente el desafortunado título de barrio más pobre de Europa, tras la visita a comienzos de año del relator de la ONU. Son muchas las familias que se acercan a la parroquia local a pedir al Padre Andrés que les ayude con algo de comida, ya que los pocos ingresos que tenían se han visto cercenados por la crisis provocada por el COVID-19.
José Antonio Sellés, de 49 años, visto a través del reflejo de un charco, es voluntario en el Ayuntamiento de Zahara de la Sierra, Cádiz. Su labor es regular la entrada de vehículos al pueblo, asegurando que cada uno pase por un arco de desinfección habilitado que rocía agua con lejía sobre los vehículos y también esteriliza los neumáticos. El pueblo de 1.400 habitantes cuenta con 0 casos de COVID-19. Santiago Galván, su alcalde, explica que esto es debido a que cortaron los accesos al pueblo de manera temprana salvo uno que es vigilado por un policía local 24 horas al día, también se adoptaron medidas como un servicio de compras gratuito para todos los habitantes del pueblo que evitaran aglomeraciones y se desinfectan sus calles cada día. En Zahara de la Sierra, Cadiz, el 9 de abril de 2020.
25 / 85

José Antonio Sellés, de 49 años, visto a través del reflejo de un charco, es voluntario en el Ayuntamiento de Zahara de la Sierra, Cádiz. Su labor es regular la entrada de vehículos al pueblo, asegurando que cada uno pase por un arco de desinfección habilitado que rocía agua con lejía sobre los vehículos y también esteriliza los neumáticos. El pueblo de 1.400 habitantes cuenta con 0 casos de COVID-19. Santiago Galván, su alcalde, explica que esto es debido a que cortaron los accesos al pueblo de manera temprana salvo uno que es vigilado por un policía local 24 horas al día, también se adoptaron medidas como un servicio de compras gratuito para todos los habitantes del pueblo que evitaran aglomeraciones y se desinfectan sus calles cada día. En Zahara de la Sierra, Cadiz, el 9 de abril de 2020.
La maltratada clase obrera migrada es, a día de hoy, muy necesaria para mantener el abastecimiento en el país. Así lo ha puesto de manifiesto el gobierno español con las medidas urgentes tomadas a este respecto. Son muchos los colectivos que han reaccionado negativamente a estas medidas, tomadas desde la desesperación, cuando es por todos conocida la situación precaria en la que la mayoría de estas personas están abocadas a vivir en lugares como Almería o Huelva desde hace décadas y desde el gobierno se tolera. En la imagen, temporeras marroquíes recogen fresas en un invernadero localizado en Lepe, Huelva el día 7 de abril, 2020. Se esperaba la llegada de 6.000 mujeres marroquíes para trabajar en la temporada de la fresa, apenas pudieron viajar un 35% de las esperadas antes del cierre de fronteras producido por la pandemia del COVID-19.
24 / 85

La maltratada clase obrera migrada es, a día de hoy, muy necesaria para mantener el abastecimiento en el país. Así lo ha puesto de manifiesto el gobierno español con las medidas urgentes tomadas a este respecto. Son muchos los colectivos que han reaccionado negativamente a estas medidas, tomadas desde la desesperación, cuando es por todos conocida la situación precaria en la que la mayoría de estas personas están abocadas a vivir en lugares como Almería o Huelva desde hace décadas y desde el gobierno se tolera. En la imagen, temporeras marroquíes recogen fresas en un invernadero localizado en Lepe, Huelva el día 7 de abril, 2020. Se esperaba la llegada de 6.000 mujeres marroquíes para trabajar en la temporada de la fresa, apenas pudieron viajar un 35% de las esperadas antes del cierre de fronteras producido por la pandemia del COVID-19.
El gobierno de España ha aprobado medidas urgentes para favorecer la contratación de trabajadores en el sector agrario. La medida que más llama la atención es la referida a personas migradas: “jóvenes nacionales de terceros países, que se encuentren en situación regular”. Cuando la mayoría de la comunidad migrada residente en el país se encuentra en situación irregular, o sea, no tienen papeles que les permita acceder a empleo regulado o una vivienda digna. Como las más de 1.200 personas que habitan en diferentes poblados chabolistas en la pequeña poblaciín de Lepe. En la imagen, un joven de origen subsahariano anda entre chabolas en un asentamiento de personas migradas en Lepe, Huelva.
23 / 85

El gobierno de España ha aprobado medidas urgentes para favorecer la contratación de trabajadores en el sector agrario. La medida que más llama la atención es la referida a personas migradas: “jóvenes nacionales de terceros países, que se encuentren en situación regular”. Cuando la mayoría de la comunidad migrada residente en el país se encuentra en situación irregular, o sea, no tienen papeles que les permita acceder a empleo regulado o una vivienda digna. Como las más de 1.200 personas que habitan en diferentes poblados chabolistas en la pequeña poblaciín de Lepe. En la imagen, un joven de origen subsahariano anda entre chabolas en un asentamiento de personas migradas en Lepe, Huelva.
Una ambulancia recorre una avenida de Sevilla a gran velocidad el pasado Domingo de Ramos. Andalucía sumó este día 432 nuevos positivos por coronavirus, lo que supone que la comunidad alcanza los 8.301 casos, siendo el número de muertos por la pandemia vírica de 470 personas.
22 / 85

Una ambulancia recorre una avenida de Sevilla a gran velocidad el pasado Domingo de Ramos. Andalucía sumó este día 432 nuevos positivos por coronavirus, lo que supone que la comunidad alcanza los 8.301 casos, siendo el número de muertos por la pandemia vírica de 470 personas.
Un operario desinfecta la tumba recién enterrada de una persona fallecida a causa de complicaciones por la infección del virus COVID-19. Jerez, 4 de abril, 2020.
21 / 85

Un operario desinfecta la tumba recién enterrada de una persona fallecida a causa de complicaciones por la infección del virus COVID-19. Jerez, 4 de abril, 2020.
Un allegado a una persona fallecida a causa de complicaciones por la infección del virus COVID-19 termina de enterrar su tumba. El difunto, un varón de 77 años de origen marroquí, falleció en el hospital de Algeciras pero ha sido enterrado en el cementerio de Jerez, ya que dicho camposanto cuenta con el único cementerio musulmán en la provincia de Cádiz. Jerez, 4 de abril, 2020.
20 / 85

Un allegado a una persona fallecida a causa de complicaciones por la infección del virus COVID-19 termina de enterrar su tumba. El difunto, un varón de 77 años de origen marroquí, falleció en el hospital de Algeciras pero ha sido enterrado en el cementerio de Jerez, ya que dicho camposanto cuenta con el único cementerio musulmán en la provincia de Cádiz. Jerez, 4 de abril, 2020.
Trabajadores de la empresa funeraria y allegados introducen el ataúd sellado de una persona fallecida a causa de complicaciones por la infección del virus COVID-19 en su tumba. El fallecido, un varón de 77 años de origen marroquí, falleció en el hospital de Algeciras pero ha sido enterrado en el cementerio de Jerez, ya que dicho camposanto cuenta con un cementerio musulmán propio, el único en la provincia de Cádiz.
19 / 85

Trabajadores de la empresa funeraria y allegados introducen el ataúd sellado de una persona fallecida a causa de complicaciones por la infección del virus COVID-19 en su tumba. El fallecido, un varón de 77 años de origen marroquí, falleció en el hospital de Algeciras pero ha sido enterrado en el cementerio de Jerez, ya que dicho camposanto cuenta con un cementerio musulmán propio, el único en la provincia de Cádiz.
Jóvenes voluntarios preparan bolsas de comida para más de 1.200 familias necesitadas en este banco de alimentos temporal promovido por el Ayuntamiento de Jerez en un pabellón deportivo de la ciudad. En febrero de este año la ciudad de algo más de 200.000 habitantes contaba con 26.644 personas desempleadas y en escasamente dos semanas, debido a la crisis provocada por la pandemia del COVID-19, la cifra ha subido a un total de 32.197.
18 / 85

Jóvenes voluntarios preparan bolsas de comida para más de 1.200 familias necesitadas en este banco de alimentos temporal promovido por el Ayuntamiento de Jerez en un pabellón deportivo de la ciudad. En febrero de este año la ciudad de algo más de 200.000 habitantes contaba con 26.644 personas desempleadas y en escasamente dos semanas, debido a la crisis provocada por la pandemia del COVID-19, la cifra ha subido a un total de 32.197.
Un operario municipal detiene un vehículo en un control a la entrada al pueblo gaditano de Algodonales. Algunos pueblos de la serranía de la provincia de Cádiz están impidiendo acceso a personas no residentes para salvaguardar a su población de la epidemia por COVID-19, al no contar con casos positivos entre sus habitantes.
17 / 85

Un operario municipal detiene un vehículo en un control a la entrada al pueblo gaditano de Algodonales. Algunos pueblos de la serranía de la provincia de Cádiz están impidiendo acceso a personas no residentes para salvaguardar a su población de la epidemia por COVID-19, al no contar con casos positivos entre sus habitantes.
Ramos de flores languidecen junto al nicho de un fallecido en el cementerio de Alcalá del Valle, donde un contagio masivo en la residencia de ancianos se cobró la vida de seis personas y otras 58 fueron contagiadas por COVID-19. En el pueblo se suceden las protestas para que la administración realice tests a los vecinos, que viven atemorizados.
16 / 85

Ramos de flores languidecen junto al nicho de un fallecido en el cementerio de Alcalá del Valle, donde un contagio masivo en la residencia de ancianos se cobró la vida de seis personas y otras 58 fueron contagiadas por COVID-19. En el pueblo se suceden las protestas para que la administración realice tests a los vecinos, que viven atemorizados.
Alcalá del Valle es un pequeño pueblo de la sierra de Cádiz que se ha convertido en uno de los focos más notables de COVID-19 en la provincia. Al menos cinco vecinos han fallecido con síntomas de coronavirus en las últimas semanas y más de 150 familias permanecen en aislamiento al haber estado expuestas o por experimentar síntomas y otras tres se encuentran ingresadas en el hospital de Ronda. Hoy han reclamando la falta de tests para sus habitantes por medio de una cacerolada masiva en el pueblo.
15 / 85

Alcalá del Valle es un pequeño pueblo de la sierra de Cádiz que se ha convertido en uno de los focos más notables de COVID-19 en la provincia. Al menos cinco vecinos han fallecido con síntomas de coronavirus en las últimas semanas y más de 150 familias permanecen en aislamiento al haber estado expuestas o por experimentar síntomas y otras tres se encuentran ingresadas en el hospital de Ronda. Hoy han reclamando la falta de tests para sus habitantes por medio de una cacerolada masiva en el pueblo.
Olga González, de 32 años, es médico de UCI y ha dejado su trabajo en el Hospital de Ronda para ir a Madrid a desempeñar su labor en un hospital necesitado de profesionales cualificados. No es la primera vez que realiza su labor profesional en momento de necesidad, habiendo estado en el barco de rescate Open Arms o en hospitales en Tanzania. En la imagen, la joven doctora en su vehículo momentos antes de partir hacia Madrid.
14 / 85

Olga González, de 32 años, es médico de UCI y ha dejado su trabajo en el Hospital de Ronda para ir a Madrid a desempeñar su labor en un hospital necesitado de profesionales cualificados. No es la primera vez que realiza su labor profesional en momento de necesidad, habiendo estado en el barco de rescate Open Arms o en hospitales en Tanzania. En la imagen, la joven doctora en su vehículo momentos antes de partir hacia Madrid.
Las azoteas, terrazas o patios se han convertido en lugares de juegos para los niños tras 15 días de confinamiento domiciliario.
13 / 85

Las azoteas, terrazas o patios se han convertido en lugares de juegos para los niños tras 15 días de confinamiento domiciliario.
Antonio Brazo, de 30 años, es Chef profesional y voluntario en una cocina solidaria gestionada por Cáritas Jerez en la que se confeccionan unos 100 menús diarios destinados a personas en situación de calle, una asociación de ayuda contra la drogodependencia (Proyecto Hombre) o un hogar para personas afectadas por VIH en Jerez( Hogar Siloé). Antes del brote de COVID19 trabajaba en un hotel de la ciudad estando ahora de manera temporal sin empleo, como otros 60.000 trabajadores del sector servicios en Andalucía.
12 / 85

Antonio Brazo, de 30 años, es Chef profesional y voluntario en una cocina solidaria gestionada por Cáritas Jerez en la que se confeccionan unos 100 menús diarios destinados a personas en situación de calle, una asociación de ayuda contra la drogodependencia (Proyecto Hombre) o un hogar para personas afectadas por VIH en Jerez( Hogar Siloé). Antes del brote de COVID19 trabajaba en un hotel de la ciudad estando ahora de manera temporal sin empleo, como otros 60.000 trabajadores del sector servicios en Andalucía.
Sacar a pasear el perro o hacer la compra, labores que antes del confinamiento podían llegar a ser poco satisfactorias, se han convertido en momentos ansiados en los hogares andaluces. En la imagen, una mujer se dirige a realizar la compra con mascarilla y guantes en Jerez.
11 / 85

Sacar a pasear el perro o hacer la compra, labores que antes del confinamiento podían llegar a ser poco satisfactorias, se han convertido en momentos ansiados en los hogares andaluces. En la imagen, una mujer se dirige a realizar la compra con mascarilla y guantes en Jerez.
Carmen Campos, psicóloga clínica y psicoanalista, atiende a una persona por videollamada desde su casa en Jerez. Como miembro de la asociación sin ánimo de lucro Adeamed, ha ofrecido sin coste acompañar, asesorar y orientar a padres y niños que estén experimentando momentos difíciles durante los días de confinamiento domiciliario.
10 / 85

Carmen Campos, psicóloga clínica y psicoanalista, atiende a una persona por videollamada desde su casa en Jerez. Como miembro de la asociación sin ánimo de lucro Adeamed, ha ofrecido sin coste acompañar, asesorar y orientar a padres y niños que estén experimentando momentos difíciles durante los días de confinamiento domiciliario.
Desde el pasado día 13 de marzo que se declarara el confinamiento domiciliario para combatir la propagación del virus, salir a la ventana a las 20 horas para aplaudir el trabajo de sanitarios y otros colectivos se ha convertido -para muchos- en el momento álgido del día. Ayer, día 24, en el décimo día de confinamiento son menos las personas haciéndolo en Jerez.
9 / 85

Desde el pasado día 13 de marzo que se declarara el confinamiento domiciliario para combatir la propagación del virus, salir a la ventana a las 20 horas para aplaudir el trabajo de sanitarios y otros colectivos se ha convertido -para muchos- en el momento álgido del día. Ayer, día 24, en el décimo día de confinamiento son menos las personas haciéndolo en Jerez.
Un operario del servicio de limpieza desinfecta calles en Jerez, Cádiz, debido al brote de COVID19. Hasta la fecha se han confirmado casi 2000 casos de contagio en Andalucía. Si bien, esa cifra puede ser mucho mayor ya que a los posibles casos fuera de los llamados grupos de riesgo no se les está realizando pruebas.
8 / 85

Un operario del servicio de limpieza desinfecta calles en Jerez, Cádiz, debido al brote de COVID19. Hasta la fecha se han confirmado casi 2000 casos de contagio en Andalucía. Si bien, esa cifra puede ser mucho mayor ya que a los posibles casos fuera de los llamados grupos de riesgo no se les está realizando pruebas.
José María, 63, lleva desde 2014 en situación de calle. Vive en una chabola en un polígono industrial de Jerez, acompañado por su perra. El mismo día en el que el gobierno ha anunciado la prórroga de otros quince días de confinamiento domiciliario, mantiene que si tiene que morir por infección del virus covid19 que así sea, ya que su estado actual "no es vida". Aún se emociona recordando tiempos pasados y se pregunta cómo ha llegado a esta situación.
7 / 85

José María, 63, lleva desde 2014 en situación de calle. Vive en una chabola en un polígono industrial de Jerez, acompañado por su perra. El mismo día en el que el gobierno ha anunciado la prórroga de otros quince días de confinamiento domiciliario, mantiene que si tiene que morir por infección del virus covid19 que así sea, ya que su estado actual "no es vida". Aún se emociona recordando tiempos pasados y se pregunta cómo ha llegado a esta situación.
María José y Fátima cortan tela de microfibra para confeccionar mascarillas caseras en Jerez, España, el sábado 21 de marzo. Esta iniciativa popular comenzó el día anterior con una producción de 300 mascarillas que serán donadas a colectivos y personas necesitadas.
6 / 85

María José y Fátima cortan tela de microfibra para confeccionar mascarillas caseras en Jerez, España, el sábado 21 de marzo. Esta iniciativa popular comenzó el día anterior con una producción de 300 mascarillas que serán donadas a colectivos y personas necesitadas.
Una mujer lleva una mascarilla en el interior de su vehículo durante el sexto día de confinamiento domiciliario decretado por el gobierno a raíz del brote de COVID19. El ambiente reinante es de suspicacia y miedo mutuos en Jerez, el viernes 20 de marzo de 2020.
5 / 85

Una mujer lleva una mascarilla en el interior de su vehículo durante el sexto día de confinamiento domiciliario decretado por el gobierno a raíz del brote de COVID19. El ambiente reinante es de suspicacia y miedo mutuos en Jerez, el viernes 20 de marzo de 2020.
Monjas de clausura rezan durante el sexto día de confinamiento domiciliario declarado por el gobierno a raíz del brote de COVID19. En Jerez, España, el jueves 19 de marzo de 2020 siguen celebrándose misas en diferentes parroquias de la ciudad.
4 / 85

Monjas de clausura rezan durante el sexto día de confinamiento domiciliario declarado por el gobierno a raíz del brote de COVID19. En Jerez, España, el jueves 19 de marzo de 2020 siguen celebrándose misas en diferentes parroquias de la ciudad.
T.A. consulta las noticias en una tableta mientras toma un café en la mañana del quinto día de confinamiento domiciliario en Jerez, España, el miércoles 18 de marzo de 2020.
3 / 85

T.A. consulta las noticias en una tableta mientras toma un café en la mañana del quinto día de confinamiento domiciliario en Jerez, España, el miércoles 18 de marzo de 2020.
Una empleada del servicio de limpieza vista a través de la mirilla de una puerta lleva una máscara para protegerse de la infección por COVID19 en Jerez, España, el 17 de marzo 2020. El gobierno español declaró el estado de alarma y ordenó el confinamiento domiciliario debido al brote de COVID19 el pasado viernes día 13 de Marzo.
2 / 85

Una empleada del servicio de limpieza vista a través de la mirilla de una puerta lleva una máscara para protegerse de la infección por COVID19 en Jerez, España, el 17 de marzo 2020. El gobierno español declaró el estado de alarma y ordenó el confinamiento domiciliario debido al brote de COVID19 el pasado viernes día 13 de Marzo.
Una mujer usa un espejo en la ventana de su piso en Jerez de la Frontera, España, el 14 de Marzo, 2020. El gobierno español decretó el estado de alarma con confinamiento domiciliario el día anterior, 13 de marzo, para evitar la propagación del COVID19.
1 / 85

Una mujer usa un espejo en la ventana de su piso en Jerez de la Frontera, España, el 14 de Marzo, 2020. El gobierno español decretó el estado de alarma con confinamiento domiciliario el día anterior, 13 de marzo, para evitar la propagación del COVID19.


El proyecto Covid Photo Diaries cuenta también con el apoyo de:

DKV